La gestión de las traiciones
Una modesta defensa del uso del castellano neutro
Cuando una historieta es en blanco y negro damos por sentado que los personajes están viendo su mundo en colores. Al ver un estilo gráfico sintético nadie cree que al personaje le faltan pestañas o fosas nasales. Ni hablar de extrañarse por las nubecitas que flotan sobre la cabeza de los personajes cuando piensan. Esas cosas pueden asumirse casi universalmente. Pero: ¿Siempre que leemos una historieta la propuesta es que presenciemos directamente a los personajes viviendo esa historia? ¿Se puede inferir a veces que solo somos testigos de un relato que se nos cuenta? Y para ir de una vez al grano ¿los diálogos que leemos representan siempre la voz de los personajes en directo?
El propio Scott McCloud, hablándonos en segunda persona del plural.
La gente que cree que solo hay una manera correcta de hacer las cosas, cuando aparece una tendencia alineada con lo que piensa tiende a confundirla con un cambio evolutivo, por ende considera toda alternativa como conservadurismo o retroceso. Así las cosas con la tendencia a la traducción localizada en detrimento del uso del castellano neutro, dado ese contexto me interesa defender esta opción.
¿Estoy diciendo que prefiero las traducciones en castellano neutro a las que eligen un criterio de localización basado en los equivalentes culturales? No, para nada. La traducción localizada me parece un gran acierto y celebro esa tendencia. Lo que quiero decir es que no es un criterio superador del castellano neutro, sino que es una opción a este. Más pertinente en muchos casos, menos adecuado en otros. Es un progreso haber dejado atrás la omnipresencia de la traducción en castellano neutro, es decadencia abandonarla del todo. Particularmente para los hispanohablantes del continente americano.
En Argentina (al menos mi generación escolar y unas cuantas previas y posteriores) hablamos en segunda persona de una manera distinta a la que nos enseñan en la escuela. Aprendemos como se conjugan los verbos a partir de «tu» y «vosotros» mientras los usamos (que yo sepa sin conflicto) a partir de «vos» y ustedes».
Si a esta tradición que implica considerar que la lengua tiene un carril más en su forma escrita se le suma la histórica vocación de amplitud de las industrias culturales de hispanoamérica que inventaron el castellano neutro como una forma de llegar a la mayor cantidad de público regional posible con el mismo esfuerzo, obtenemos una consecuencia fuera de cálculo en la experiencia de muchos lectores: el lenguaje neutro sostiene el verosímil de la traducción.
Hace unos cuantos años asistí a la función teatral de Escandinavia, un unipersonal escrito por Lautaro Vilo e interpretado y dirigido por Rubén Szuchmacher, la obra tiene un momento que siempre rescato cuando pienso en este tema (aunque tuve que buscar el texto para copiarlo sin tergiversar) donde el protagonista cuenta lo que recuerda de un libro que leyó citándolo de memoria de la siguiente manera:
(...)un personaje se queda mirando en lontananza, después le dice a los que están con él «venga, gilipollas, cambiad la cara». En un bosque de Finlandia, con un Kalashnikov en la mano… ¿en lontananza? ¿gilipollas? Los traductores españoles tienen un verosímil infinito, ¡qué hijos de puta!(...)
En ese momento el público se ríe, se ríe por supuesto porque seguramente a buena parte en algún momento capaz le tocó leer una novela, no sé, de Anagrama ponele, y experimentar el cortocircuito provocado por el cruce del habla coloquial de España con la del tiempo y espacio que se representa en la obra. Eso sucede porque reconocemos ese español como una lengua real, la asociamos a un tiempo cercano y un espacio concreto, a diferencia del neutro que sabemos que no existe en ninguna parte y por lo tanto acompaña mejor nuestra distancia con el mundo de los personajes.
No quiero hablar de lo que no sé, pero supongo que para el público español lo que acá se lee como fuera de registro allá probablemente esté incorporado sin demasiado obstáculo como la traducción localizada que es y lo que acá es una tendencia relativamente reciente allá sea tradición, pero entiendo que ese público no se educó con la presencia habitual del carril alternativo del neutro, por lo tanto no cuenta con ese recurso de distanciamiento y le entonces le dará lo mismo.
No creo que una traducción localizada al castellano rioplatense pueda tener la misma aceptación cuando las historias no tratan de personajes contemporáneos con contextos también traducibles a nuestras experiencias reconocibles, casi el único criterio donde la traducción localizada me parece siempre más pertinente.
Por lo históricamente arraigado, en estas latitudes el uso del castellano neutro no tiene exclusividad con su sentido de ampliación de mercado, también opera como constructor de verosímil en la traducción, y así «la traducción» no se refiere solo a la actividad editorial-literaria de decidir cómo se hace el traspaso de una lengua a otra. El neutro, al ser el lenguaje de la traducción se usa cuando es necesario evocarla sin que esta haya existido. Por ejemplo, imaginate que querés escribir una historieta que trata de un aventurero errante que recorre Sumeria en el 3000 a. C. ¿Qué sentido tiene localizar eso? El neutro tampoco es el idioma que hablaban los sumerios pero al ser un lenguaje deslocalizado se lee como traducido, es decir, ese lenguaje no representa la voz directa de los personajes hablando sino que sugiere que esos personajes están hablando en su propio idioma distante y ajeno. Así también, si leemos a dos personajes rusos que discuten y uno le dice al otro «¡maldito seas!» sabemos que lo insultó genéricamente en ruso, en cambio si le dice «¡pelotudo!» leemos a un ruso puteando en argentino. La costumbre de que ahora todo tienda a localizarse atenta con esa tradición convencional facilitadora del verosímil de lo distante.
Fuera de lo dicho, reitero que celebro que hayamos incorporado la traducción localizada como opción habitual, excepto en el único caso que me parece realmente aberrante: cuando se adapta del castellano de una región al castellano de otra. No se me ocurre un motivo respetuoso para esa opción, pero si tu justificación es «para que el público local lo entienda» ya te te digo que sos mi enemigo.


